Lunes Julio 16, 2018
Martes, 09 Junio 2015 00:00

Pasión por los cuentos tradicionales

Escrito por
Valora este artículo
(1 Voto)

Érase una vez un reino muy muy lejano, en el que se organizó un baile real con la intención de elegir al príncipe que ocuparía el puesto de regente sucesor.

Todos los príncipes hermanos ensayaban de día y de noche el baile que sorprendería al pueblo y les otorgaría la corona del lugar.

Eran muchos los que aspiraban a tal alto cargo…príncipes de todos los colores, expertos en diferentes bailes…

Príncipes de color rojo que bailaban danzas del pueblo, príncipes azules expertos en danza clásica, otros verdes saltarines y hábiles¸ candidatos que fruto de la mezcla de colores rojos y azules lucían un tono morado y que a pesar de bailar el vals en la más estricta intimidad, disfrutaban de danzas populares en plazas y calles…incluso había príncipes azul y granate que se habían dado una capa de pintura blanca para pasar desapercibidos … infantes de todas las edades, unos maduros y expertos…otros jóvenes e ilusionados…

Días de ensayo y creación de coreografías, precedidos de exhibición de sus danzas en plazas y lugares públicos.

Cada cual tenía la más absoluta certeza de bailar mejor que el resto, de lucir más que ninguno y de contar con la capacidad de dejar al pueblo boquiabierto y encandilado con sus movimientos y ritmos.

Tras días de mucho trabajo, en este reino muy lejano, llegó la prueba final. Cada uno de los posibles sucesores, acompañado de su séquito debía de mostrar el baile que sería más aplaudido por el pueblo. De este modo, quien alcanzase mayor popularidad sería heredero de la corona.

Pero ninguno de ellos contó con la posibilidad de que entre baile y baile, danza y danza, salto y salto…el pueblo quedaría totalmente aturdido y ensordecido por tanta música y compás diferentes; fruto de ese aturdimiento, los aplausos fueron equitativos y ninguno de los danzarines aspirantes a la corona conseguiría el aplauso mayoritario del pueblo.

Algunos lugareños pensaron que todos los bailes eran iguales, corografías al fin y al cabo. Otros ciudadanos sintieron tal mareo de ritmos que huyeron encerrándose en su casa. Muchos aturdidos aplaudieron sin ton ni son. Sólo algunos fueron suficientemente prudentes en su decisión.

De modo que ningún príncipe podía claramente reinar, imposible sin haber logrado los vítores masivamente.

El regente padre, agotado por años de reinado, ofreció la posibilidad de acuerdos entre príncipes para poder discernir cuál de los candidatos sería el idóneo.

Así fue como bailarines de vals prometían dar clases particulares de rap para contentar a sus hermanos; bailarines de danza clásica prometieron fusionar su técnica con las danzas populares; los más jóvenes, expertos en reguetón, se cuestionaban la posibilidad de aprender sevillanas o incluso hacer una coreografía del lago de los cisnes….y los raperos pensaban que el reguetón era parecido a su hacer.

TODO POR MI REINO……?????!!!!!!

Y entre cambio de baile y fusión de danzas, el reino entero dudaba sobre si habría acertado en sus aplausos y sentía que no todas las coreografías se asemejaban a la que ellos habían alentado.

Y entre cambio de baile y fusión de danzas, algunos príncipes sintieron que no todo es válido con tal de bailar…

Y entre cambio de baile y fusión de danzas, algunos bailaron con la más fea y otros se quedaron sentados por decisión propia y no pisaron la pista…

Y colorín colorado…tal vez este reino no sea tan lejano.

Merche Peña

Cuando me preguntan qué soy, la respuesta es rápida,“maestra”.

Y no sólo porque en su día me gradué en la diplomatura de magisterio, cosa que hice; tampoco por ser maestra de Reiki Usui y Karuna Reiki, que también lo soy…

Cuando respondo, recuerdo la maestría que tengo en tropezar y levantarme casi siempre airosa; master en perder el oxigeno a veces e hiperventilar ante la presión, serenándome progresivamente con gran habilidad; también soy experta en equivocarme y pedir perdón reconociendo mil y un errores; diplomada en impaciencia por la universidad de la vida y licenciada en exceso de perfección por tradición de familia.

Sí, soy maestra en el arte de equivocarme, avanzar y retroceder cogiendo impulso para un nuevo paso.

Al fin y al cabo eso es la vida, un camino hacia la maestría personal; y en ese sendero me encuentro, perfeccionando la más importante de las carreras universitarias: “la gran proeza de Vivir con Pasión”. ¿Me acompañas en esta aventura?

Inicia sesión para enviar comentarios
Mantersol

Nuestras Firmas

soniarovira sergiogarcia emiliodominguez merchepena jesusalinquer myriamarmela franciscotubio silviacabello ongouzal juansegovia manololeon BannerBernabe